¿Cómo saber si estoy deprimido?

Definitivamente no somos acá (ni por lejos) fanáticos de convertir la experiencia humana en una "patología" (enfermedad); el conglomerado de las emociones y sentimientos hacen de la vida lo que es, de eso se trata ser persona, con lo placentero y lo displacentero; la alegría, la tristeza, el miedo, la repulsión y el enojo son todas piezas de información útil para relacionarnos de manera adaptativa con nuestro entorno (personas, cosas, situaciones).

Entonces, si es "normal" entristecerse, ¿por qué existen terapias antidepresivas?

Es aquí cuando entra en juego los términos "funcionalidad" y "normalidad". Cuando una conducta, estado emocional (o ambas cosas en tandem) generan incapacidad para ser y hacer con normalidad es momento de buscar ayuda. Y entendamos "normalidad" como "el estado previo", osea, como era usted generalmente, la mayoría del tiempo, antes de entrar es este estado "distinto" del que hablamos.

Solemos conceptualizar la depresión clínica como aquel estado (que dura al menos 15 días) en el que se lleva "una nubecilla negra" sobre la cabeza, es decir, un estado sostenido de tristeza y sinsabor, muchas veces incapaz de asociarse a algo concreto, que hace ver casi todo a través de un filtro "gris". La tristeza y la incapacidad de disfrute son los síntomas cardinales de un estado depresivo. 

Pero... ¿Y si he tenido un gran pérdida? Acaso no es normal sentirme triste y desanimado varias semanas? 

Efectivamente, cuando se tienen pérdidas grandes se entra en lo que se llama "duelo". La ruptura de una relación de pareja, la muerte de un ser querido, la ruina económica y una larga lista de etcéteras, son situaciones en las que se puede vivir un duelo con tristeza, culpa, enojo, desesperanza y otras tantas emociones. Entonces el duelo tiene características en común con un episodio depresivo, sin embargo, cada cultura y contexto tiene su "medida" de lo que es esperado/aceptable para vivir cada una de estas pérdidas; ordinariamente un duelo va "evolucionando", cambiando de etapa conforme pasa el tiempo, hasta llegar a una resolución, la depresión no se comporta igual y, como hemos mencionado antes, muchas veces no tiene asidero reconocible aquella profunda y dolorosa tristeza que, en las perdidas, sí tiene claro origen. ¿Que un duelo puede convertirse en un episodio depresivo? Quizás, pero esa es materia para otra conversación.

¿Y por qué me pasa esto a mí? 

Esa es una excelente pregunta, para la que no existe una respuesta fácil. Cito a la OMS que hace un resumen práctico de lo que hoy por hoy se sabe sobre el tema: "La depresión es el resultado de interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos y biológicos. Quienes han pasado por circunstancias vitales adversas (desempleo, luto, eventos traumáticos) tienen más probabilidades de sufrir depresión. A su vez, la depresión puede generar más estrés y disfunción, y empeorar la situación vital de la persona afectada y, por consiguiente, la propia depresión... La depresión está estrechamente relacionada con la salud física y, por consiguiente, la salud física desempeña un papel en la depresión. Muchos de los factores que influyen en la depresión (como la inactividad física o el uso nocivo del alcohol) también son factores de riesgo conocidos para enfermedades como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias. A su vez, las personas con estas enfermedades también pueden estar sufriendo depresión a causa de las dificultades asociadas con el manejo de su afección…” En fin, cosa compleja, no hay causas únicas, pero algo se entiende de cómo y por qué sucede.

Estoy deprimido, ¿ahora qué? 

Conviene buscar ayuda. Consejería y psicoterapia pueden ser alternativas suficientes. En otros casos farmacoterapia o descartar problemas de salud subyacentes puede ser necesario.

Existen alternativas, comunicar cómo nos sentimos, hablar de lo que estamos viviendo es el primer gran paso en busca de soluciones.